El burrito Tinchi  
El burrito Tinchi  
 

Tragón dormía feliz bajo la sombra de un enorme árbol cuando...
– ¡Hio! ¡Hio! –rebuznó el burrito Tinchi.
Tragón refunfuñó, se tapó las orejotas y continuó durmiendo.
– ¡Hio! ¡Hio! –rebuznó Tinchi otra vez.
– Por favor, burro, deja de rebuznar –pidió Tragón sin abrir los ojos.    Estoy durmiendo la siesta.
– ¿Cómo me has llamado? –preguntó el burrito Tinchi con las    orejotas en alto y cara de asombro.
– He dicho que dejes de rebuznar. Quiero dormir la siesta. El Bosque    Mágico es muy grande, puedes rebuznar en otro lugar –respondió    Tragón cada vez más enfurruñado y a su pesar, más despejado.    Presentía que su siesta había terminado gracias al burrito.
– ¡Me has llamado burro! –insistió el burrito Tinchi con voz triste. Tragón se despertó del todo. Con los ojos abiertos como platos, miraba al burrito y pensaba. Tenía la sensación de que algo
no iba bien.
¿A qué sonaba la voz del burrito? ¿A tristeza?
Se levantó, miró al suelo, luego miró a Tinchi, se rascó una orejota... – Pues... sí –dijo Tragón con cara de no
   entender muy bien que le ocurría al
   burrito.El burrito Tinchi despierta a Tragón
– ¡Buaaaaa! ¡Hio! ¡Hio! ¡Buaaaa! –lloraba
   el burrito Tinchi.
Tragón, asustado, miró a un lado, luego al otro... ¿Por qué lloraba el burrito?
– ¡Buaaa! ¡Buaaa! –continuaba llorando    Tinchi tumbado en la hierba tapándose
   la cara con sus largas orejotas.
– Pero, ¿por qué lloras? –preguntó Tragón    preocupado. Eres un burrito pequeñín y muy guapo –dijo Tragón    tratando de calmarlo.
– Me has llamado burro –respondió Tinchi entre hipos sin dejar de    llorar.
– ¿Eh? ¡Ah! ¡Oh! ¡Hum! –Tragón quería hablar pero estaba hecho    un lío. No sabía que decir. Pe... Pe... Pe... Pero...
– ¡Buaaa! ¡Buaaaa! –lloraba el burrito Tinchi.
Tragón, inquieto, caminaba de un lado a otro. Miraba al burrito, se tiraba de las orejotas y caminaba.
Le daba pena ver llorar al burrito. Era muy pequeñín y estaba
tan triste...
– Yo me llamo Tragón. ¿Cómo te llamas tú? –preguntó Tragón    parándose frente a Tinchi tratando de distraerlo.
– Me llamo Tinchi –respondió el burrito sin levantar la cabecita.
– Burrito Tinchi, ¿quieres ser mi amigo? –preguntó cariñoso Tragón. – ¿Por qué me llamas burro? Soy muy pequeño
   para ir al colegio, pero mi mamá me
   enseña muchas cosas. Me está enseñando
   a leer los números y también estoyTinchi está triste y llora desconsoladamente
   aprendiendo a sumar –respondió Tinchi    con el ceño fruncido y las orejotas en alto. Tragón escuchaba muy atentamente al burrito Tinchi tratando de entender lo
que ocurría.
– Lo que pasa es que Tinchi no sabe a que    especie pertenece –dijo Trusky caminando hacia ellos.
– ¡Trusky! –exclamó Tragón dando un brinco de alegría. Yo no le    dije nada malo. Llora y llora y no sé por qué. Dale mimitos, haz    algo por favor, pero que deje de estar triste –dijo Tragón    atropelladamente mirando a Trusky con mirada implorante y tan    triste como la de Tinchi.
– Calma, calma – dijo Trusky con una sonrisa. Venid aquí los dos, a    mi lado –pidió Trusky sentándose en la hierba.
Obedientemente, Tragón y Tinchi, se sentaron junto a la niña.
– Vamos a aprender a distinguir a los animales por su especie,    jugando. Pero necesitamos que otros animalitos del Bosque    Mágico nos ayuden –continuó Trusky.
– ¿Los llamamos? –preguntó Tragón travieso con muchas ganas de    jugar.
– No hace falta –dijo un águila desde lo alto de un árbol. Os hemos    escuchado y os ayudaremos. Es una buena idea. Así aprenderemos    todos.
– ¿Quién empieza? –preguntó riendo Trusky.
– Yo soy una tortuga y tengo un caparazón muy duro –dijo una    tortuga caminando lentamente hasta el grupo de amiguitos.
– Y yo soy un águila y vuelo muy, muy alto –dijo el águila mientras    alzaba el vuelo exhibiendo sus enormes alas.
– Yo soy una oveja y mi lana se utiliza para hacer prendas
   de abrigo –dijo una ovejita muy blanca mientras comía
   hierba fresca.La ovejita juega a enseñara Tinchi
– Yo soy un caballo y soy muy rápido
   galopando –dijo un caballo color azabache alzándose    sobre sus patas traseras.
– Y yo soy una vaca y mi leche es muy importante para la    alimentación de los niños –dijo una vaquita mientras se rascaba la    testuz contra un árbol.
– ¡Ahora yo! ¡Ahora yo! –exclamó Tragón impaciente, poniéndose    en pie y moviendo con fuerza el rabo. Yo soy un perro y mi olfato    es muy bueno. Puedo seguir cualquier rastro –dijo husmeando el       suelo.
– Y yo soy... un burro –dijo juguetón Tinchi. Soy un burro y soy    muy fuerte.
– ¡Hurra! ¡Bieeeeeeeen! –gritaron todos a la vez.
– ¡Lo ha entendido! ¡Guau! ¡Guaaaaau! –ladraba Tragón    contento.
De pronto...
– Tinchi –llamó con voz mimosa Tragón. ¿Sigues enfadado       conmigo? –preguntó bajito.
Tinchi se acercó a Tragón, le miró a los ojitos fijamente y le dio un beso en la cabezota.
– Gracias a ti y a Trusky y a los animalitos del Bosque Mágico he    aprendido muchas cosas buenas –dijo feliz Tinchi.
– Quién quiera merendar un rico bizcocho... ¡que me siga! –dijo    Trusky ya en pie y emprendiendo la marcha a casa.
– ¡Bizcocho! ¡Sí! ¡Bien! ¡Qué hambreeeeeee! –se relamía Tragón    mientras caminaba al lado de Tinchi hasta la casa.

  FIN
 
  C. Sánchez - 2008