El elefante Tilón  
El elefante Tilón  
 

Tragón, Flufy y Flafy jugaban al escondite. Tragón, apoyado en un árbol y con los ojos cerrados contaba hasta diez.
–...cinco, seis, siete, ocho, nueve y... diez. ¡Allá voy! –gritó Tragón. ¿Dónde estarían escondidos sus amiguitos?
Caminaba por el jardín buscándolos.
Miraba detrás de las macetas, encima del columpio...
–Hola. Soy Tilón –dijo tímidamente un elefante pequeño.
Flufy y Flafy salieron de su escondite. ¿Tilón? ¿Quién era Tilón?
–¡Un elefante! –exclamaron asustados volviendo a esconderse. Tragón, asustado, se quedó paralizado.
Las orejotas en alto, los dientes
castañeteando...Tilón busca a Trusky
Tilón, sin atreverse a acercarse,
repitió:
–¡Hola! Soy el elefante Tilón.
Tragón, sin dejar de mirar a Tilón, reculaba lentamente.
–Estoy buscando a Trusky –continuó   Tilón.
–¿Para qué quieres ver a
  Trusky? –preguntó Flufy saliendo de su escondite.
–Tengo que darle toda esta leña –respondió Tilón señalando
  con la trompa la carga que arrastraba.
–No te conocemos. Trusky nunca nos ha hablado de ti. ¿Eres   su amiguito? –se oyó preguntar a la gatita Flafy que no se atrevía a   salir de su escondite.
Trusky que observaba la escena, decidió intervenir.
–Hola Tilón –dijo Trusky dirigiéndose al elefante y acariciándole la   cabezota.
–¿No le tienes miedo? ¡Es muy grande! –dijo Flafy asomando la    cabecita.
–Tilón es un amiguito –contestó sonriendo Trusky. Viene a traernos   leña para el invierno.
Tragón, Flufy y Flafy se acercaron. Miraban a Tilón, sus orejotas, su trompa...
–Me da miedo –dijo la gatita Flafy.
–Tilón es un elefante muy cariñoso y muy bueno –respondió Trusky. –¿Y conoces a sus papás? –preguntó celoso Tragón.
–Sí. Ellos sí que son grandes, tanto como... –comenzó a explicar
  Trusky.
–¿Y cuándo los conociste? –la interrumpió Tragón con el ceño   fruncido.
– Hace tiempo. Es una historia muy larga. ¿Queréis que os la
  cuente? –preguntó Trusky mirando a sus amiguitos.
Sin responder, todos se sentaron en la hierba formando un corro. Estaban impacientes por escuchar a Trusky.
–Un día –comenzó Trusky, una familia decidió pasar el día en
  el Reino de los Elefantes. Era verano.
  Hacía calor y pensaron que sería una
  buena idea disfrutar de la naturaleza.
  Pero... Llegó la hora de la comida.Todos en corro, escuchan a Trusky
  Querían asar carne, así que tenían
  que hacer una pequeña hoguera.   Soplaba bastante viento, sabían que   encender fuego no era seguro, pero, si   no encendían la hoguera, ¿qué   comerían? Así que, con mucho cuidado,
  hicieron un pequeño fuego.
  El viento soplaba y soplaba y de
  pronto... una chispa cayó en la hierba y todo comenzó a arder. Los   elefantes no tardaron en darse cuenta de lo que ocurría. Pensaron   en huir, pero no querían que su Reino fuese pasto de las llamas.
–¡Hay que hacer algo! –decían asustados los elefantes.
–¿Cómo se puede apagar el fuego? –se preguntaban unos a otros.
–¡Con agua! ¡Mucha agua! –contestó una urraca que vivía en el    lugar.
–Los papás de Tilón, Tolón y Talán –continuó Trusky–, reunieron a   todos los elefantes del Reino. Por turnos, irían al río a cargar sus   trompas con agua para echarla a las llamas.
  Así, una y otra vez. Y otra, y otra...
  Lucharon contra el fuego durante horas, pero consiguieron   apagarlo –dijo por último Trusky.
–¡Oh! Mis papás son unos valientes –dijo feliz Tilón.
–Mucho. ¿Y sabéis por qué? –preguntó Trusky.
Todos esperaban la respuesta en silencio, encandilados.
–Era su casa la que estaba en peligro.
  Su casa y la de muchos animalitos. La
  naturaleza es la casa de todos. Hay que
  cuidarla y protegerla –explicó seria
  Trusky.Tolón, el papá de Tilón
Tragón suspiró. Estaba pensativo. Flufy se atusó las orejas, como despertando de un mal sueño.
–Te doy mi palabrita de perro bueno,
  que nunca más jugaré con fuego –dijo   Tragón levantando una orejota y   poniendo una patita en el pecho.
–Desde entonces, todos procuramos mantener limpio el Bosque   Mágico –continuó Trusky. Arrancamos la maleza, recogemos los   leños secos...
–Y yo, ¿dónde estaba? –preguntó Tragón curioso.
–En casa. Eras un cachorro, por eso no te acuerdas –respondió   sonriendo Trusky.
–¿Y yo? –preguntó Tilón.
–Con tus papás. Pero también eras muy chiquitín. –dijo Trusky.
–Ahora ya no soy tan pequeño. No olvidaré lo que nos has
  contado –dijo Tilón. Nunca olvidaré que no hay que jugar con el   fuego.
–Y ahora... ¿a merendar? –propuso Trusky sonriendo.
–¡Síiiiiiii! –respondieron todos a la vez.
–Yo quiero bizcochos –decía Flafy.
–Y yo quiero... –pensaba en voz alta Tragón.

  FIN
 
  C. Sánchez - 2005