Cuentos infantiles de Truskylandia Cuento: El Manantial Mágico  
El Manantial Mágico  

Cuentos infantiles de Truskylandia
Cuentos infantiles de Truskylandia

Aquella tarde, todos los animalitos del Bosque Mágico se habían
reunido al pie del río Cristalino. Trusky y sus amiguitos, Tragón, Flufy
y Flafy, también acudieron. Todos estaban muy inquietos. Su río
Cristalino, de aguas puras y limpias, ya no era el mismo.
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–En las ciudades, vierten agua sucia y contaminada a nuestros ríos
  y al mar –decía el cangrejo Gordejo muy apenado.

–Pero nosotros no podemos evitarlo –dijo un pequeño cervatillo.
  Si los seres humanos no toman conciencia de que hay que respetar
  y cuidar la naturaleza, estamos perdidos.
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El Sabio Rana pensaba. Si no hacían algo, su bosque sufriría y con él,
todos sus habitantes.
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–Podemos lavar el agua del río –propuso Tragón alzando
  tímidamente una patita.

–Tragón, esto es muy serio.
  Deja de jugar y piensa –le reprendió un
Tragón propone lavar el agua  pequeño conejo.
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Tragón avergonzado, miró con los ojos muy
abiertos al conejo, cogiéndose los mofletes.
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–Sólo quería ayudar –murmuró Tragón
  bajito mientras se refugiaba en los brazos de Trusky,
  quien le acarició cariñosamente la cabezota.

–Lavar el agua, lavar el agua... –repetía una y otra vez el Sabio Rana
  frotándose la barbilla.
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Todos observaban al Sabio Rana. ¿Qué idea bullía en su cabeza?
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–¡Claro! ¡Eso es! ¿Cómo no me he acordado antes? –exclamó el Sabio
  Rana dando brincos de alegría.
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Todos guardaron silencio. ¿Había esperanza para el Bosque Mágico?
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–¡El Manantial Mágico! –dijo el Sabio Rana. ¿Sabéis de lo que hablo?
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Todos negaron con la cabeza mientras miraban asombrados
al Sabio Rana.
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–Una sóla gota de agua de ese manantial tiene el poder de limpiar
  ríos y océanos. Se llama Manantial Mágico porque
  ¡es mágico! –explicó feliz el Sabio Rana a sus amiguitos.

–Entonces... –titubeó Trusky–, ¿podemos ir al Manantial Mágico y
  coger un poco de su agua?

–Pues... –carraspeó el Sabio Rana.

–¿Sí? –preguntó impaciente la Rana Bartola que estaba muy
  preocupada por el futuro del bosque.
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El Sabio Rana, inquieto, miraba a sus amiguitos. ¿Cómo explicarles
que...? ¡Uff!
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–¿Qué ocurre Sabio Rana? –preguntó Trusky extrañada.

–Veréis... –comenzó el Sabio Rana–. El Manantial Mágico está muy,
  muy lejos de aquí.

–Nos organizaremos y aunque tardemos un poco, llegaremos
  a él –dijo convencido el caracol Col.

–Nosotros somos muy veloces y fuertes –exclamó el reno Nor.
  Podemos recorrer grandes distancias en poco tiempo.

–Veréis... –repitió el Sabio Rana–.
  El camino hasta el Manantial  Mágico es largo y difícil.
  Ríos de aguas bravas difíciles de cruzar,  montañas imposibles de
  escalar...
  El Manantial Mágico es un tesoro  muy valioso para el Bosque
  Mágico, por eso está muy protegido por la propia naturaleza y por
  los habitantes de esas latitudes, tanto que  sólo un intrépido y
  valiente héroe podría superar todos los  obstáculos y llegar hasta él.

–¿Entonces, es imposible llegar al Manantial Mágico? –preguntó la
  gatita Flafy con vocecita triste.
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El Sabio Rana les miraba y callaba. El miedoEl reno Nor
se empezaba a reflejar en las caras de sus amigos.

Mientras tanto...
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Tragón soñaba despierto. Se veía caminando por pedregosos caminos,
atravesando a nado con sus enormes orejotas, inmensos lagos;
escalando rocosas y empinadas montañas...
Una aventura increíble, apasionante...
Y por fin... Conseguir el tan ansiado y valioso agua del Manantial
Mágico.
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Sus amigos le aclamaban. ¡Eres nuestro héroe!, le vitoreaban.
¡El Bosque Mágico está salvado! ¡Viva Tragón! ¡Hurra!
Entre vítores y aplausos le entregaron su premio, unos ricos y
exquisitos huesos de chocolate. ¡Huesos de chocolate!, se relamía
goloso Tragón. Impaciente, dio un paso hacia adelante...
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–¡Tragón ha dado un paso al frente! –exclamó el Sabio Rana con
  admiración y sorpresa.
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Un atronador ¡Hurra! se oyó en el Bosque Mágico.
Era tal la algarabía, que Tragón despertó de su ensoñación.
¡Viva Tragón! –escuchó Tragón sin entender.
¡Tragón es un valentón! –oyó que canturreaban sus amigos.
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–Gracias a Tragón salvaremos el Bosque Mágico –dijo feliz el Sabio
  Rana.

–¿Eh? ¿Cómo? –murmuraba Tragón aturdido y comprendiendo de
  pronto lo que ocurría.
  No puede ser, pensaba tirándose de las orejotas.
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Inquieto, dio un paso al frente, con el rabo entre las piernas, las
orejas gachas y moviendo sus patas a modo de negativa.

–No, no, no, no... Un momento –imploraba con cara de susto Tragón.

–Oh, no seas modesto Tragón –dijo el Sabio Rana acariciándole la
  cabezota–. Has sido muy valiente y todos estamos muy orgullosos
  de ti.

–Pe... pe... pe... pero es que... yo... –tartamudeaba Tragón sin
  conseguir articular una palabra.
  ¡Ayssss!, suspiró Tragón.

–Trusky, yo... –intentó explicar Tragón–. Es que...

–¿Tendrás mucho, mucho cuidado? –le interrumpió Trusky con
   carita triste.
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Tragón, incrédulo, miró a la niña, miró a sus amigos, al Sabio Rana...
No puede ser real, estoy soñando. Se pellizcaba los mofletes
queriendo despertar de un mal sueño. Pero... no soñaba.
¿Y ahora qué hago? –pensó Tragón.
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–¡Aysssssss! –suspiraba Tragón una y otra vez con los morritos
  apretados y los ojos muy abiertos.

–El camino es largo, debes emprender la marcha –dijo el Sabio Rana.
  Camina hacia el norte, es todo lo que sé.

–¡Adiós! ¡Cuídate mucho! –le despedían sus amigos.
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Con una pequeña cantimplora al hombro, Tragón comenzó a caminar.

De pronto...
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–¡Noooooo! ¡No! Por ahí no. ¡Al norte! –gritaban sus amigos.
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Tragón giró la cabeza desconcertado. ¿Al norte? ¿Dónde está el
norte? –pensaba totalmente desorientado.
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–¡Gira a la izquierda! –indicó el Sabio Rana.
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Tragón giró a la izquierda y volvió a mirar a sus amiguitos.
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–¿Y ahora qué? –preguntó despistado.
Tragón emprende la marcha, pero... ¿Dónde está el norte?
–Ahora continúa en línea recta hasta llegar al Reino de
  los Caracoles. ¡Buena suerte! –se despidió el
  Sabio Rana.
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Tras una larga caminata...
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–Hola –saludó un simpático caracol.

–Hola –respondió Tragón. ¿Éste es el Reino de los Caracoles?

–Nos han llegado noticias de que un intrépido y valiente perrito se
  dirige hacia el Manantial Mágico. ¿Eres tú ese perrito? –fue la
  respuesta del caracol.
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Por un momento, Tragón se irguió orgulloso, pero...
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–Soy ese perrito pero no soy valiente –dijo Tragón avergonzado.

–¡Hum! –murmuró el caracol–. Veamos... Este es el Reino de los
  caracoles. Debes atravesarlo. No tardarás mucho, nuestro Reino es
  pequeño. Al final del camino verás una enome montaña. Es la
  Montaña Solitaria. Dirígete a ella.

–Gracias caracol, pero ¿cómo atravieso vuestro Reino sin pisaros?
  Sois muchos –preguntó Tragón preocupado.
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El caracol pensaba...
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–Yo puedo ayudarte –se oyó una vocecilla desde lo alto de un
  árbol.
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Tan concentrados estaban pensando Tragón y el caracol, que ambos
dieron un brinco asustados. ¿Quién había hablado? –se preguntaban
mirando hacia lo alto.
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–Puedo atravesar el Reino de los Caracoles de rama en rama, sin
  pisar el suelo –oyeron de nuevo Tragón y el caracol.

–¡Pero si es el pequeño mono Min! –exclamó contento el
  caracol.
El mono Min ofrece su ayuda a TragónCuentos infantiles de Truskylandia
Tragón, con las orejas en alto, miraba atentamente al mono
Min. Su intuición le decía que no iba a gustarle la solución
que proponía.
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–¿Te atreves? –preguntó, travieso, el mono Min a Tragón.

–¿A qué? –respondió con el ceño fruncido Tragón sin fiarse mucho.

–Oh, claro que se atreve –respondió el caracol–. Todos necesitamos
  agua limpia en nuestros ríos. ¿Verdad Tragón?
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Tragón agachó las orejas. Con la mirada lastimera y un hilo de voz...
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–¿Qué tengo que hacer? –preguntó resignado Tragón.

–Súbete a mi espalda y agárrate muy fuerte. Saltaremos de rama
  en rama. Será muy divertido –explicó el mono Min.
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¿Divertido? A Tragón no le pareció nada divertida la idea, pero...

El mono Min volaba de rama en rama. Tragón, apenas le dejaba
respirar de tan fuerte como se agarraba a su cuello.
Un árbol, y otro, y otro...
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–Me mareo –dijo Tragón temblando de miedo–. ¿Puedes ir un poco
  más despacio por favor? –pidió miedoso Tragón.
                                                               Cuentos infantiles de Truskylandia
El mono Min frenó un poco su marcha.
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–Un poco más lento –volvió a pedir Tragón asustado.

–¿Más lento? –protestó el mono Min.

–Es que vamos a chocar contra un árbol y... –se quejó Tragón tan
  bajito que apenas se le oía.

–Así no vamos a llegar nunca al final del Reino de los
  Caracoles –protestó el mono Min parándose en seco–. Cierra los
  ojos, cógete muy fuerte y no digas nada –ordenó enfadado.
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Tragón supo que no tenía escapatoria. Obedeció y...
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... –contaba Tragón
tratando de distraerse para no pensar.

Después de una interminable carrera de árbol en árbol...
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–¡Hala! Ya hemos llegado. Puedes bajar –dijo contento el mono
  Min.
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Por toda respuesta, el silencio.
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–Tragón, ¿me has escuchado? –preguntó el mono Min.
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El silencio continuó.
                                              Cuentos infantiles de Truskylandia
–¡Tragón! ¿Qué te ocurre? –insistió el mono Min–. Baja. Ya hemos
  atravesado el Reino de los Caracoles.
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Tragón movió enérgicamente la cabeza de un lado a otro.
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–Baja de una vez –pidió pacientemente el mono Min.

–No –respondió Tragón tembloroso.

–O bajas o te bajo –dijo enojado el mono Min.
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A regañadientes, Tragón saltó al suelo. Le temblaban las piernas, los
mofletes, las orejotas...
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–Gracias mono Min –dijo Tragón aún sin reponerse del susto.

–Mira al frente, a lo lejos, ¿qué ves? –preguntó embelesado el mono
  Min.
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Tragón daba vueltas sobre si mismo, mirando a lo lejos sin saber que
era lo que tenía que ver.
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–¡Para! ¡Para! –dijo riendo el mono Min.
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Tragón, mareado de tantas vueltas, paró en seco. Por fin...
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–¡Oh! ¡Qué montaña tan grande! –exclamó Tragón asombrado.

–¡La Montaña Solitaria! –explicó el mono Min–. Tras ella, está el
  Manantial Mágico.

–Entonces, ¡ya estoy cerca! ¡Hurra! –exclamó Tragón comenzando a
  correr, impetuoso, hacia la enorme montaña.
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El mono Min trató de detenerlo. El camino no era tan fácil.
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–¡Tragoooooón! –llamó el mono Min.
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Pero Tragón, ya no le oía. Estaba lejos, muy lejos. La Montaña Solitaria

Ya caía el sol, cuando...

Tragón frenó en seco su carrera. ¿Qué era aquello que
le cortaba el paso? ¿Un río?
Perplejo, miró a la derecha, a la izquierda, al frente...
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–Agua. Solo veo agua, y a mí el agua me da mucho miedo –murmuró
  Tragón preocupado y asustado rascándose la cabezota.
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Tragón, despacito, se acercó al río. Un pasito, y otro, y otro... Era
muy ancho y con un gran caudal.
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–Y ahora, ¿qué hago? –pensaba Tragón triste.
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Tumbado en la hierba, con la cabeza sobre las patas delanteras,
miraba el río y pensaba. Nunca conseguiría llegar al Manantial
Mágico y el Río Cristalino no se curaría, y si el Río Cristalino no
tenía agua limpia y pura, el Bosque Mágico enfermaría, y...
                                                               Cuentos infantiles de Truskylandia
–Es muy peligroso cruzar el río. Es muy profundo y su agua baja con
  mucha fuerza –interrumpió sus pensamientos una vocecilla.
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Tragón, asustado, vio frente a si, una pequeña tortuga.
                                           Cuentos infantiles de Truskylandia
–Soy la tortuga Huga –se presentó la pequeña tortuga–. ¿Y tú eres...?

–Me llamo Tragón y tengo que atravesar el río –respondió Tragón
  mirando obstinado el río.

–¡Así que eres tú! –exclamó asombrada la tortuga Huga–. Te
  esperábamos. Este es el río Grande, sus aguas son bravas y
  peligrosas, pero nosotros te ayudaremos a cruzarlo –dijo feliz la
  pequeña tortuga.
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Tragón frunció el ceño. ¿Te ayudaremos?–, había dicho
la tortuga Huga–. ¿Quién? ¿Cómo? –pensaba TragónLa pequeña tortuga Huga
enfurruñado. Allí había mucha agua y a él, le daba
miedo el agua.
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–¿Hay algún puente que cruce el río? –preguntó Tragón
  tratando de encontrar por si mismo una solución.

–No –fue la escueta respuesta de la tortuga Huga.

–Puedo coger carrerilla y... –dijo Tragón sin ningún convencimiento
  mirando a la pequeña tortuga.

–No es una buena idea –respondió la tortuga Huga. El río es muy
  ancho, no podrás atravesarlo de un salto.

–Vale, me rindo –dijo Tragón resignado–. Acepto vuestra ayuda.
  ¿Qué tengo que hacer? –preguntó Tragón.

–¡Bien! –exclamaron la mamá y el papá de la tortuga Tragón, resignado, acepta la ayuda de la tortuga Huga
  Huga y el canguro Guro, acercándose a Tragón.

–No perdamos tiempo. Nuestro Bosque Mágico nos
  necesita –concluyó la pequeña tortuga Huga.
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Tragón los miraba sin comprender como iban a cruzar el
río. Tres tortugas y un canguro. ¡Hum! –cavilaba Tragón.
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–Los canguros somos grandes saltadores. Las tortugas son buenas
  nadadoras. Así que, hemos pensando que... –comenzó a explicar el
  canguro Guro.

–¿Qué? –preguntó nervioso Tragón que presentía no le iba a
  gustar la solución.

–Nosotras seremos como rocas en el río –continuó mamá tortuga.

–Y yo, saltaré sobre ellas, hasta alcanzar la otra orilla del río
  Grande –dijo el canguro Guro orgulloso de poder colaborar.
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Tragón les miraba.
Guardó silencio.
Miró al suelo... miró al río... Algo no encajaba.
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–Ya, pero... el que tiene que llegar al Manantial Mágico soy yo, y en
  vuestro plan, no habéis contado conmigo –refunfuñó Tragón
  molesto, regañando a sus amiguitos.
El canguro Guro y los papás de la tortuga Min
–Por supuesto que hemos contado
  contigo –respondió pacientemente el canguro
  Guro–.
  ¿Ves esto? –preguntó el canguro Guro a Tragón
  mostrándole su bolsa marsupial–. Aquí llevo a
  mis crías. Tú eres pequeñín, seguro que coges.

–Así que... saltando de tortuga en tortuga –dijo  Tragón mientras
  reculaba lentamente–. Creo que no es una buena  idea. Si fallas, los
  dos nos caeremos al río y a mí me da mucho  miedo el agua.
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Tragón seguía retrocediendo, hasta que...
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–¡Alto ahí! –ordenó la pequeña tortuga Huga–. El canguro Guro no
  fallará, y nosotras tampoco. Y tú tienes una misión muy importante
  que cumplir, así que... sube a la bolsa marsupial de Guro, cógete
  fuerte, cierra los ojos y...
                                   Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón estaba aturdido, asustado... Ni cuenta se dio de que le metían
en la bolsa, ni de que las tortugas se ponían en posición lineal en el
río, ni...
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–Vale. De acuerdo. Pero yo no dije que fuera valiente.
  ¿Empezamos? –preguntó resignado y tembloroso Tragón.
                                                           Cuentos infantiles de Truskylandia
El canguro Guro y sus amigas las tortugas, se miraron
desconcertados.
                     Cuentos infantiles de Truskylandia
–¿Empezar? –preguntaron a coro–. ¡Pero si ya hemos cruzado!
                                           Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón abrió los ojos. Las orejotas muy tiesas. Olfateando. Mirando
de un lado a otro tratando de orientarse.

Por fin, miró a sus amiguitos avergonzado.
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–No me había dado cuenta –dijo Tragón con un hilo de voz.

–Esperaremos a que vuelvas con el agua del Manantial Mágico.
  Ya verás como la próxima vez, no tendrás tanto
  miedo –respondió el canguro Guro.
                                   Cuentos infantiles de Truskylandia
¿Próxima vez? –pensó Tragón preocupado–. ¡Hum!

Tragón emprendió su camino hacia la Montaña Solitaria.
Caminó y caminó...
Era de noche cuando por fin...
Ante Tragón se alzaba majestuosa la enorme Montaña Solitaria.

¿Y ahora qué? –pensó en voz alta.

De pronto...
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–¡Intruso a la vista! –exclamó alarmado el saltamontes Ontes.

–¿Intruso? –repitió Tragón mirando a su alrededor sin ver a nadie.
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Algo le decía que el intruso era él.
Asombrado y asustado, levantó las orejotas, las patas delanteras en
son paz, y...
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–¡Escuadrón de mosquitos! Cubran el flanco izquierdo.
  ¡Escuadrón de abejas! Cubran el flanco derecho.
  ¡Escuadrón de avispas! Cubran la retaguardia.
  ¡Escuadrón de saltamontes! Al frente.
  ¡Y tú, no te muevas! –ordenó el saltamontes Ontes con cara de
  pocos amigos.
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Tragón, inmóvil, vio una legión de insectos rodeándole.
                 Cuentos infantiles de Truskylandia
–Yo... yo... pero es que... Yo no hice nada malo y... –quiso explicar
  Tragón.

–¡Silencio! –le interrumpió el saltamontes Ontes–. Tienes que
  explicarnos muchas cosas, pequeño perrito, así que quiero
  respuestas. ¿Cómo te llamas?

–Tragón –respondió tembloroso.
El saltamontes Ontes protege el camino hacia el Manantial Mágico
–¿Dónde vives? –quiso saber el pequeño saltamontes.

–En el Bosque Mágico.

–¿Qué buscas aquí? –continuó preguntando el saltamontes Ontes.

–Agua –dijo Tragón mostrando inocentemente su cantimplora.

–¿Agua? –repitió el pequeño saltamontes extrañado–. ¿Agua para
  beber?

–¿Puedo bajar las patitas? Me canso –preguntó Tragón con mirada
  implorante, tumbándose en la hierba sin esperar permiso.

–¿Agua para beber? –repitió la pregunta el saltamontes Ontes–. Y sí,
  puedes bajar las patas.

–Agua para limpiar el río Cristalino. Han vertido agua contaminada
  en él y el Sabio Rana dijo que el agua del Manantial Mágico era
  mágica, y...–explicaba impetuoso Tragón.

–¿Sabio Rana? ¿Te envía el Sabio Rana? –preguntó con los ojos  muy
  abiertos por la sorpresa el saltamontes Ontes.

–Sí –respondió poniendo morritos Tragón–. Y Trusky, y Flufy, y
  Flafy,  y muchos animalitos del Bosque Mágico. Todos queremos
  que el río se ponga bueno.

–¿Trusky? ¿La niña que vive en el Bosque Mágico? –dijo el pequeño
  saltamontes cada vez más sorprendido.

–Sí. Es mi amiguita –dijo Tragón orgulloso.
                                          Cuentos infantiles de Truskylandia
El saltamontes Ontes se reunió con sus escuadrones de mosquitos,
avispas, abejas y saltamontes.
                                                                            Cuentos infantiles de Truskylandia
–Tenemos que deliberar –dijo mirando a sus compañeros.
                          Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón, tumbado en la hierba, esperaba.
Después de una larga, larga deliberación...
                                              Cuentos infantiles de Truskylandia
–Eres sincero, así que te ayudaremos. Veamos...

–Tengo que atravesar la Montaña Solitaria, pero es muy alta. Puedo
  rodearla, ¿me ayudaréis? –preguntó Tragón impaciente.

–¿Rodearla? Imposible. En el camino acechan muchos peligros...
  Fosos insalvables, laberintos de los que es imposible
  salir... –respondió el pequeño saltamontes Ontes.
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Tragón que escuchaba atentamente, alzó una orejota, cerró un ojo,
frunció el morrito...
No se puede escalar... No se puede rodear... ¡Hum! ¿En qué estarán
pensando? –cavilaba preocupado Tragón.
                                   Cuentos infantiles de Truskylandia
–Existe un camino secreto. Se trata de una gruta que atraviesa la
  Montaña Solitaria. El búho Flo te guiará. Él ve perfectamente en la
  oscuridad. Todo lo que tienes que hacer es seguirle –explicó el
  pequeño saltamontes Ontes.

–No te separes de mí. –dijo el búho Flo volando desde lo
  alto de un árbol hasta posarse delante de Tragón.El búho Flo guía a Tragón por el camino secreto que atraviesa la Montaña Solitaria
  ¡Allá vamos! ¡Sígueme!
                 Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón, con las orejas gachas, sin tener muy claro
a lo que se enfrentaba, siguió al búho Flo.
Entraron en una cueva muy, muy oscura. Tragón, tras el
búho, trataba de no perder su rastro.
                                              Cuentos infantiles de Truskylandia
–Búho... –llamó Tragón.

–¿Qué quieres? –preguntó el búho sin dejar de avanzar.

–Esta gruta, ¿es muy larga? –preguntó inquieto Tragón.

–Muy larga –fue la respuesta del búho Flo.
                      Cuentos infantiles de Truskylandia
Continuaron su camino hasta que...
                                                               Cuentos infantiles de Truskylandia
–Búho... –volvió a llamar Tragón.

–¿Qué quieres? –preguntó un poco impaciente el búho Flo.

–¿En esta gruta viven murciélagos? –preguntó preocupado Tragón.

–No lo sé –fue la breve respuesta del búho Flo.
Cuentos infantiles de Truskylandia
Y de nuevo, en silencio, continuaron su camino.
                            Cuentos infantiles de Truskylandia
–Búho... –llamó una vez más Tragón.

–¿Y ahora qué quieres? –respondió molesto el búho Flo.

–Es que, tengo miedo porque la oscuridad me da susto, y cuando
  tengo miedo, hablo para no darme cuenta de que tengo
  miedo y... –hablaba y hablaba Tragón.
                                                   Cuentos infantiles de Truskylandia
El búho Flo guardaba silencio.
             Cuentos infantiles de Truskylandia
–¿A ti no te asusta la oscuridad? –continuó Tragón.

–Soy un búho. Los búhos somos aves nocturnas. No tenemos miedo
  a la oscuridad –respondió el búho Flo sin dejar de avanzar en la
  oscuridad y con tono de pocos amigos.
                                                                 Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón guardó silencio.
Pocos minutos después...
                          Cuentos infantiles de Truskylandia
–¿Por qué está tan protegido el Manantial Mágico? –preguntó con
  interés Tragón.

–Para protegerlo de los hombres –dijo el búho Flo.

–¿Por qué los hombres contaminan el agua de los ríos? Eso no es
  bueno, ni tan siquiera para ellos que dependen de la
  naturaleza –continuó preguntando Tragón incansablemente.
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El búho Flo frenó en seco.
El camino era largo.
Tragón, no paraba de hacer preguntas y preguntas...
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–Tragón... –dijo el búho Flo muy serio.
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Tragón, quieto, rodeado de oscuridad, intuyó que algo no iba bien.
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–¿Si? –respondió Tragón.

–¡Ni una pregunta más! El camino es largo y debemos avanzar
  rápido. No debes tener miedo, aquí sólo estamos tú y yo. ¿Estás de
  acuerdo? –dijo el búho Flo enfurruñado.
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Y sin esperar respuesta, el búho Flo continuó la marcha hacia el
Manantial Mágico.

Tragón, con el ceño fruncido, le siguió.
No puedo hablar, no puedo hablar... –refunfuñaba una y otra vez.
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–Vale, no haré preguntas, pero ¿puedo cantar? –preguntó
  inocentemente Tragón.
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En la gruta se oyó un suspiro. El búho Flo, comenzó a contar
mentalmente hasta cien para tranquilizarse.

El camino fue duro para el búho Flo.

Tragón canturreaba una cancioncilla que enseñaba las tablas de
multiplicar.
La repetía una y otra vez... y otra, y otra...

Por fin...
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–¡Veo claridad al fondo! –exclamó Tragón.Por fin, Tragón y el búho Flo llegan al Manantial Mágico

–Sí, estamos a punto de llegar. ¡Por fin! –suspiró
  aliviado el búho Flo.
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Dieron unos pasos más y...
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–¡Oh! –dijo Tragón boquiabierto sin acertar a
  describir el paraje tan bonito que tenía ante si.
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Un frondoso bosque, inmenso, de vivos colores... y un gran manantial
de aguas cristalinas, surgiendo de la tierra.
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–Ese es el Manantial Mágico. Ve y coge un poco de agua. Hemos de
  emprender el camino de vuelta –dijo el búho Flo mirando el bonito
  paisaje.
                                Cuentos infantiles de Truskylandia
Tragón, mirando a todos lados sin querer perder ni un solo detalle de
lo que le rodeaba, se acercó al Manantial Mágico y recogió un poco
de agua en su cantimplora.

El camino de vuelta a través de la gruta fue tranquilo. El búho Flo y
Tragón, caminaban en silencio, felices, cansados, impresionados por
la belleza del manantial...

¡Tragón volvía a casa!
Deshizo el camino andado, pero esta vez, iba feliz porque llevaba el
agua que limpiaría el río Cristalino.

Por fin...
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–¡Tragón! –corría hacia él, Trusky
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Tragón, mimoso, se acurrucó en los brazos de la niña dejándose
besuquear.

–¡Traigo el agua! –dijo feliz.

–¡Bieeeeeeeeen! ¡Viva Tragón! –corearon los animalitos del Bosque
  Mágico que le esperaban impacientes.
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El Sabio Rana, ya echaba el agua del Manantial Mágico en el río
Cristalino. Gracias a Tragón, todo volvería a ser como antes.
En el Bosque Mágico, todo era alegría.
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–...Y atravesé un río muy grande, muy grande..., y... y... crucé, bajo
  tierra, una montaña gigante..., y... –contaba Tragón a sus amiguitos.
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Tragón también estaba feliz. No tenía huesitos de chocolate como
premio esperándole, pero la felicidad que veía en las caras de sus
amiguitos, era, sin ninguna duda, el mejor premio que podía recibir.
¿Qué más podía pedir?
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    FIN    
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Ejercicio de comprensión lectora  
Descargar la aplicación "Comprensión lectora del cuento: El Manantial Mágico" Cuentos infantiles de Truskylandia
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C. Sánchez - 2010