Erase una vez...
Trusky, Tragón y Flufy
Erase una vez...
Erase una vez...
En el planeta Miau, los  gatos  están  celosos de los perros, porque los
niños los prefieren como mascotas, así que  deciden raptar a todos los
perros y ser solo ellos, las mascotas de los niños.
Flufy, un gato bueno, se hace amigo de un cachorro huérfano, pero es
descubierto. Los Gatos Supremos, le destierran al planeta de los niños
despojándole  de  su maullido, y le  ponen  una condición  para  poder 
volver a su casa:

	¡Raptar a muchos, muchos, muchos perritos!

Trusky se había quedado dormida bajo un árbol y al despertar, 
no encontró a su perro Tragón.   
– ¡Tragón! ¡Tragón! – pero Tragón no respondió.
– ¿Por qué gritas tanto niña? – preguntó Conejo.
– Me llamo Trusky, ¿y tú?.
– Conejo.
– Ya sé que eres un conejo, pero, ¿cómo te llamas?.
– Conejo. Soy un conejo y me llamo Conejo. Pero no
   me has contestado. ¿Por qué gritas tanto?. Me has despertado.
– Tragón ha desaparecido, es mi perro.
– ¡Hum!
– Es muy raro, él nunca se separa de mí.
– ¡Humm!
– ¿Te pasa algo Conejo?. Estás distraído.
– Estoy pensando.
– Bueno. Yo seguiré buscándole. 
– Espera, quizá... ¡Flufy! Es cosa de Flufy, el gato desterrado.
   Dicen que lo han visto por aquí.
– ¿Y sabes dónde se esconde?. Tengo que encontrarlo.
– Su escondite está lejos, pero no te preocupes Trusky,
   entre todos te ayudaremos a encontrar a Tragón. ¡Sígueme!.
Trusky  siguió a Conejo hasta llegar a un sendero.
– Bueno Trusky. Ahora tendrás que continuar tú sola, no puedo
   salir de mi reino.
   Sigue el sendero, encontrarás un río; allí busca a Tortuga,     
   ella te ayudará.
   ¡Suerte!
– Gracias Conejo.
   ¡Tortuga! ¡Tortuga!
   Soy Trusky, me envía Conejo.
– ¿Trusky? Ah, eres tú. Buscas a Tragón, ¿eh?.
– ¿Cómo lo sabes?.
– Este bosque es mágico, no hay secretos para nosotros.
– Conejo dice que Flufy ha raptado a Tragón.
– Flufy rapta a todos los perros, solo así podrá volver a su
   casa y recuperar el maullido.
– ¿Me llevarás hasta su escondite?.
– No puedo, mi territorio acaba al otro lado del río, pero te indicaré
   el camino: Cruza el río y camina recto hasta que caiga la noche,
   entonces busca a las ardillas, ellas te ayudarán.
– Pero yo soy muy pequeña, no puedo cruzar el río sola.
– Ven, sube a mi caparazón y cógete a mis orejas, yo te
   llevaré a la otra orilla.
– Las tortugas no tienen orejas.
– ¡Hum!. Pues cógete a mi cuello pero sin apretar mucho.
   ¡Allá vamos!...
– Gracias Tortuga, pero no sé tu nombre.
– Me llamo Tortuga – viendo su carita. Sí, soy una tortuga y
   me llamo Tortuga. 
Haciendo caso a Tortuga, Trusky caminó en línea recta hasta
que se hizo de noche.
– ¡Ardillas!¡Ardillas!
– ¿Por qué nos llamas? Es muy tarde y estamos durmiendo. 
   ¿Tú no duermes?.
– No puedo, tengo que encontrar a Tragón.
   Tortuga me dijo que al caer la noche
   os buscara.
Bueno, dormiremos más tarde, pero tú tienes que dormir, eres
   una niña pequeña.
Tengo una idea, Dile, Dili, Dilo y Dilu nos ayudarán.
– ¿Quiénes son?.
– Mis hermanas ardillas.
– ¡Oh!¡Tenéis nombre!.
– Sí, el mío es Dila.Iré a buscarlas, no te muevas de aquí.
Apenas un minuto más tarde aparecieron las cinco ardillas.
Dila llevaba la voz cantante.
– ¿Atentas?.
– Sí, Dila – contestaron a coro.
– Dile, Dili, una al lado de la otra.
   Dilo, Dilu, vosotras detrás.
   Trusky, tú, súbete a sus lomos.
   Dile, pon tu cola bajo la cabeza de Trusky, será su almohada.
   Dili, Dilo, Dilu, vuestra cola será su manta.
   ¡Perfecto!
   Ahora, descansa Trusky. Yo guiaré la expedición hacia
   la Gran Montaña.
   Izquierda, derecha.
   Izquierda, derecha.
   Un dos, un dos, un dos, un dos...
Después de una larga noche de viaje...
– Despierta Trusky, hemos llegado a la Gran Montaña.
– Buenos días ardillas.
– Somos ardillas, pero tenemos nombre, protestó Dila.
– Es cierto.  Buenos días Dila. Buenos días Dile. Buenos días Dili.
   Buenos días Dilo. Buenos días Dilu.
– Buenos días Trusky, contestaron a la vez las cinco hermanas.
   Detrás de la Gran Montaña, está el escondite de Flufy,  dijo Dila.
   Nosotras tenemos que irnos, pero Avestruz te ayudará.
¡Avestruz! ¡Avestruz! ¿Dónde estás? – gritó Trusky.
Encima de ti, mira al cielo.
– Tengo que ir al otro lado de la Gran Montaña, el escondite de...
– Basta, basta, basta... Lo sé todo – la interrumpió Avestruz.
   Yo te ayudaré a atravesar la Gran Montaña.
   Ven, súbete y cógete muy fuerte a mi cuello.
   Tendremos que luchar contra un viento
   muy fuerte.
   Pero no olvides esto: Nunca te cojas a mis alas,
   no podría volar y nos caeríamos las dos.
Las avestruces no vuelan.
 Este bosque es...
No me lo digas – dijo Trusky. Es mágico.
Así es. ¡A volar!.
Fue un largo y duro viaje. El viento soplaba fuerte, pero Trusky
estaba feliz. Muy pronto, encontraría a Tragón.   
– Hemos llegado. Ahora, tendrás que seguir tú sola. 
   Estás muy cerca del escondite de Flufy.
– Sé que eres un avestruz, pero ¿cómo te llamas?.
– Me llamo Avestruz – dijo mientras emprendía el vuelo.
Trusky miró a su alrededor. Oía algo... ¿Ladridos?.
De pronto, vio como muchos perros corrían hacia ella.
– No os marchéis, esperad.
– No podemos pararnos, tenemos que regresar a nuestras casas.
– ¿De dónde venís?.
– Flufy nos ha liberado.
– ¿Habéis visto a Tragón?.
– Se ha quedado con él, contestó otro perro.
   Flufy está muy triste y solo y Tragón no ha querido irse.
– ¿Dónde está su escondite?.
– Al final de éste camino está la cueva de Flufy.
Trusky comenzó a correr.
– ¡Tragón! ¡Tragón! – gritaba mientras corría.
Por fin, divisó la cueva.
– ¡Tragón! ¡Tragón!
¿Era él?. Un perro corría hacia ella, ¡era él!.
¡Tragón!.
– ¡Te he encontrado!. Ven, vamos a casa.
Pero Tragón la miraba en silencio.
– ¿Qué te pasa?. ¿No estás contento de verme?.
– Sí, mucho. Pero... estoy triste – respondió Tragón.
   Flufy no es malo, no ha querido raptar a los perros y ahora
   no podrá volver a su casa ni podrá volver a maullar.
– ¿Nunca podrá volver a su casa?.
– Nunca.
– ¿Y nunca podrá volver a maullar?.
– Podría hacerlo, pero... una niña tendría que quererlo mucho.
– ¡Hum!
– Una niña, que tuviera un perro como amigo, y...
– ¡Humm!
– ... y llevarle a casa... los tres juntos...
Se hizo un silencio.
Al fondo, Flufy les miraba con ojos tristes.
Trusky miraba a Flufy mientras pensaba.
– Tragón, vamos a casa.
– ¿Tú y yo?.
– Tú, Flufy y yo, sonrió Trusky.
En medio del bosque, de repente se oyó:


                                ¡MIAUUUUUUUUU!

                                      FIN
Trusky y Conejo
Tortuga
Ardillas
Trusky con Avestruz
C. Sánchez - 2004